domingo, 9 de noviembre de 2008

La muerte nos espera a todos sin diferenciar culturas ni creencias, los múltiples rituales que acompañan la muerte y el luto ilustran como cada sociedad expresa su temor por lo desconocido. En antiguas creencias se decía que el cuerpo se unía de nuevo con la madre tierra, o que el alma retornava al océano cósmico o subía al cielo, en otras palabras, la materia orgánica vuelve a integrarse en la naturaleza. La muerte, inspiradora de grandes temores y profundo dolor, para otros significa un motivo de alegria, con lo que combina una gran diversidad de símbolos.


En el transcurso de la vida van muriendo diversas, etapas que no debemos pasar por alto, ya que luego no podremos volver el tiempo atrás.
Venus o Afrodita es la diosa del amor, en la pintura de Bottichelli "Nacimiento de Venus" se observa a una hermosa jóven emergiendo de mar, esta imagen fue y es utilizada en dibersas obras, es un ícono de belleza.
En este cuadro se toma la imagen de venus como la etapa juvenil de la vida, donde nos creemos seres inmortales y obnipotentes, esta imagen con significado tan efímero se encuentra acompañado de dos esqueletos, símbolos indiscutiblas de la muerte, interpretandolos como los encargados de terminar con dicha etapa para poder de esta manera empezar otra.
En cuanto a las rosas se consagraban a Venus y fueron como la diosa misma, un símbolo arquetípico del amor y de la belleza. Aún en nuestros días estas asociaciones siguen vigentes, pueto que las rosas se consideran mensajeras de amor.

domingo, 26 de octubre de 2008

Freud nos dice: "A cualquiera que nos escuche le parecería que estamos preparados a sostener que la muerte es el final inevitable de la vida, que todos debemos a la naturaleza una muerte, y que esperamos pagar la deuda, en otras palabras que la muerte es algo natural, innegable e inevitable. Sin embargo, en la realidad actuamos como si no fuera así...
Es indudablemente inposible imaginar nuestra propia muerte; y si en alguna ocación intentamos hacerlo nos damos cuenta que en realidad seguimos siendo meros espectadores.La escuela psicológica puede afirmar que en el fondo nadie cree en su propia muerte, o para decirlo en otros términos, en el inconciente cada uno de nosotros está convencido de su propia inmortalidad.



paraiso


El paraíso o Eden de la Biblia simboliza el estado de perfección. Es errónro pensar que cuando morimos vamos a tal lugar, tanto el Paraiso como el Infierno del que habla la Biblia no son más que la conciencia de cada ser, el cual, mediante, sus actos y las consecuencias de estos podrá vivir en paz o con remordimientos. Concidero que la culpa es el peor infierno que un hombre puede vivir.
Sostengo esto por que si bien la muerte sigue siendo una incertidumbre para el hombre, la biblia fue escrita por ellos, por tal motivo habla de algo metafórico, no de algo concreto.

La muerte es algo que nos afecta a todos, pero al ser seres únicos, lo vivimos de distintas maneras, muchas personas consideran que la muerte no es más que el fín de la vida, y con ella todo lo que poseíamos, tanto material como espiritual.
Se toma a la muerte como una putrefacción del cuerpo, nada más.
Aunque suene duro es lo único comprobable, lo único real.
Sobre esa base se pueden crear hipótesis que alivien el temor que tenemos ante ella, la mía es la siguiente: al llegar los últimos días antes que llegue la hora señalada, purgamos nuestras acciones a través de nuestra consiencia y con suerte llegamos a pedir perdón, luego solamente queda la paz.

reencarnacion

La creencia en la reencarnación ha estado presente en toda la humanidad desde sus orígenes. Desde la prehistoria hasta el neolítico hasta llegar a las religiones egipcia, griega y romana. Está presente en la mayoría de religiones orientales, como hinduísmo, budismo y taoismo, y también en la mayoría de religiones africanas y tribales de América y Oceanía. En la historia de la humanidad, la creencia de que una persona fallecida volverá a revivir o aparecer con otro cuerpo ha sobrevivido incluso dentro de las religiones judeocristianas (Cristianismo, Juadísmo e Islam). Son prácticamente las únicas que no la contemplan, pero han permanecido bajo la forma de diversas herejías y posturas no oficiales